Los académicos

texto: Cualquier Fulando

El académico huele

a plantas y piedras

sale a pasear

matutinamente,

universitariamente,

por los prados de la escuela.

El académico

recula el culo alegre,

sobrepuesto de su pereza mental

escucha jazz, y ritmea

por longitudes

con un chasquido;

(un cha-cha-chá).

Se reúne

en cálidas manadas

según el intelecto

de sus placeres,

adquiere amaneramientos

(y evita los barbarismos léxicos

de la barbarie a la que alguna vez perteneció)

escribe

en sirremas afeminados,

y se procura absurdas asonancias.

Los académicos

tienen la boca mojada

de palabras viscosas;

tienen tabacos,

páginas, plumas,

corazones

quebradizos

como hostias.

Tienen hojas multicolores,

y dulces historias de caballería borgiana

y horóscopos de críticas literarias [historiográficas, filosóficas, pedagógicas…]

y dedos amarillos de nicotina

y la cara de cacansados de sueño,

y la nueva gramática del milenio,

y lugares comunes de la soledad y la historia del pensamiento crítico,

y yámbicos constructos ultra isométricos,

-pedantes metatextos metaburridos-,

y palabritas en francés, en latín

(y sobre toda cosa aman las ‘-is’

y aman u odian a Barthes y a sus secuaces intrépidos).

[Versión para AMSS tomada del poemario Instantáneas]

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